10 de Octubre (2022)

Sí, es la recién estrenada noche del día de la salud mental. El año pasado ya colgué algunas palabras. Vivo bien a la manera de un hikikomori. Si escribo menos lo achaco a un bloqueo. Sobre las siete me tomo mi neuroléptico de confianza, no otro. Las gotas de Haloperidol son aspirinas en contra de mi sufrimiento. Quizá me he hecho inmune ante esa droga de dioses rastreros. Eliminar el caos, eso es lo que hago. Antes probé con el alcohol. Otras drogas no he tomado muchas desde 1996. El alcohol, sumada la medicación, creaba en el bar molón del pueblo un adefesio. El mismo que, tras la broma donde fue convertido en un paria, decía sus cosas en la barra, tras un Jameson solo, con dos hielos. Pudiste matarte, me recuerdan. La mezcla es basura, pero tiene algo de una destrucción que quienes hablan sobre el efecto no han probado, y eso lo hace santo. ¿No sabes que puedes matarte? Pregúntate por ti. Un pavo en Moscú tiene botones rojos que apretar. Y luego mi esquizofrenia es paradójica, según la describe mi psiquiatra de toda la vida. Hablé con él tras mi último ingreso la primavera pasada. Él me dijo que yo no era esquizofrénico, pero estaba ahí, en la esquizofrenia, porque mi vida era esquizofrénica (agradecí que no me llamara genio, no lo soy). Algunas cosas también impiden el desarrollo de una esquizofrenia que vivo. Somos amables el uno con el otro. Aparte lo profesional se dio bien la amistad. Me ha aconsejado que no me enamore de mi psiquiatra actual. Le advierto que me gusta su mente, percibo su estrés y veo sus preguntas antes de formularlas, pero ojalá fuera más guapa. No, ya no me enamoro. Dudo que vuelva a funcionar mi chorra, aparte. Vivo castrado. Estoy mucho en Facebook, la mayoría de series me aburren, leer me cuesta, escribir literariamente me ha hastiado. Sí, soy un niño bien cuya cabeza toca la carraca. Espero no molestar a nadie. Una amiga del programa me preguntó hace poco por el caso de un joven que no quiere medicarse. Estaría loco si quisiese. Pero lo recomiendo si se aturde, si a ratos su reloj cabezal ha sido reducido a virutas de óxido a martillazos. Yo me aturdo, me mato socialmente. Es odioso que eso esté en mi currículum, porque he vivido de verdad, aunque no lo parezca, y he querido a mucha gente que se ha ido. Una vez di la vida por una chavala y luego resultaba una broma. Era 1998. Cogí miedo. Ya no tengo corazón. No hay nada que romper en mi pecho. Todo se me fue a la basura hace mucho tiempo. La paradoja, aparte la enfermedad, es que sigo vivo. Y puedo hacer daño, pero yo creo que hago poco.

Ver menos