Roberto Alcázar, supongo

Roberto Alcázar, supongo

Editorial Eolas, 2013

Sinopsis

Extractos

 Eterno regreso del animal mecánico

Recuerdo a mamá (mundial del 82, aprox.)

con pantalones de campana

y una camiseta que contenía El color

aparte del resto de colores posibles,

yendo de la guardería (Móstoles) al parque,

Arias Navarro, en Aluche,

de su mano / ala de paloma (la mano de padre era ala de búho).

Es hoy cuando veo en el vaivén del columpio vacío,

mecido por el viento otoñal,

una representación de la vida.

Allá, ella me homenajeaba (al tiempo que a la madre que era) en la sillita

Y reíamos (en muy alto) carcajadas provenientes del estómago.

El columpio, que sustituye al tacatá, continúa aquí

en este dentro y fuera de estar en el mundo.

Aquí sigue ese chatarro oxidado y su silla mareada por el viento,

en esta casa donde,

de vez en vez,

me fumo un Habano a lo bien,

rodeado de ángeles caídos que,

en la ida de la silla

rebuznan el espejismo de volver al cielo y,

en la venida,

de volver a mamá.

Se preguntan, calavera -propia- en mano,

si no son una misma cosa.

El chisme del parque, entretanto,

en su bondad impecable,

poco sabe de eso de que hay que ser absolutamente moderno.

 

La playa del alma

Hay un cubo volcado en la arena,

es de plástico grueso y negro.

Visto desde la distancia

se diría que no hay basura en su derredor,

pero aquí estoy yo,

plantado junto a él,

deshollinando mi recuerdo

y convirtiéndolo en un trozo de vidrio

con el que tengo miedo a cortarme.

He dado con el trozo.

Imagino que algún mensaje

llegó dentro de ese proyecto de botella

y no iba dirigido a mí.

No iba dirigido a nadie ni a nada.

El idioma del que provino,

quizás, hoy,

en este atardecer convulso,

es el anagrama que flota

dentro de mi cabeza.

Afuera las olas rompen

y un padre y un hijo juegan

a lanzarse un disco volador,

su perro se interpone de vez en cuando

y puedo oír sus risas.

(De) Textos para nada

“Mi niña se ha dormido. Cavo una fosa para meterme dentro y soñarla. Alguien echa tierra y yo digo que no estoy exactamente muerto, sólo que, explico, mi chica se ha dormido y no sabría cómo comentar en Facebook los diámetros que la tragedia contiene en mi alma. Me ha preguntado, el echador de tierra, qué es el alma. Me he desnudado. He dicho: Esto es el alma. Él ha dicho ¿Entonces echo la tierra? Y le he respondido que sí, ya que estaba, que para qué iba a andarse con tonterías”.