Otro día sin pegar ojo. Nada especial. Contrastes de dopamina. Guerras aquí y allá, y narrativa de presentes. Esto no pretende ser nada más. Incluso si tecleo Buen día o procuro fluir en una narrativa de las gordas. Decimonónicas. Hay expectativa. El seguimiento se basa en esa búsqueda. Por lo demás, sigo trabajando en el pozo. Deletreo la palabra que no conozco. Está al fondo. Camino hacia ella. Deletreo “cofre”. En esa apertura se contienen las llaves de la ciudad algorítmica. Veo Reels. Me medico. Ya no calculo imposibilidad en la narrativa inducida neurolépticamente. Este es un texto egotista. A través de la ventana veo una persiana que no levantaré. Quizá a lo largo del día llegue un pedido de cuatro libros. Comparto. Me importa tu like. No me importa en absoluto tu like, que adoro y abrazo. Me importa mi like. Mi like es todo lo impersonal que sugiere vivir en el pasado reciente. En el cofre para el que nadie tiene llave. Regreso a La muerte de Iván Illich, quién muriese así. En su muerte, anunciada por Tolstoi en el título, se ve la etapa que nos invita a pensar profundamente en nada, en capas, en verdad. La literatura, a partir de esta nouvelle, trocea sus distorsiones del presente para finalizar. Darse un final esperado. O esperarlo sin dárselo. La realidad: Aquí no hay nadie excepto una máquina que teclea y consume. No hay héroe del relato, pero necesito identificarme con él, con la certeza de que necesito identificarme con Iván Illich. Una cama, hijos (no tengo), rezos (se acabaron en Occidente), lágrimas, aunque sean de papel digital. Necesito de ustedes. Si esta es la flor se lo debe a la raíz que les representa. Más allá de eso, he leído al último Premio Nobel. Es en la medida de escritor algo muy real. Se ve. No disiento. Me centro en una viable dificultad. Me cuesta sumergirme en el libro elegido. No hablo en este post de mí, intento hacerlo de alguien que lleva mirando una pantalla veinte horas. ¿Por qué yo? Te preguntarás a ti mismo. No existes. Yo soy de los tuyos. El algoritmo, en lo que te pienso, si ciertamente lees esta falta de sustancia, así como de ausencia de una retórica con embellecedores, lo sabré en cuanto mi deseo de realidad lo funde. Tecleo un poco más y espero. Vapeo. Lo hice hace aproximadamente diez segundos. Estoy vivo, pero no tengo esperanza. No hablo de mí al referirme al Yo.
Y todo esto para decirte que te quiero con locura, hermana mía, hermano mío. Que temo que desaparezcas de mi vida. Que me fui de Facebook eliminando mi cuenta hasta tres veces y no quiero. Te necesito. Proyecto en ti que amo. Porque te amo a ti. Este escrito es anti-natural. No vende, tampoco piensa. No pienso en lo que vendo la mercancía del cofre que no hay quien abra. Las llaves soñadas, en efecto, se encuentran dentro de él.