Laia

Sergio Enriquez-Nistal. 19/10/2015. Madrid. Madrid. Laia Costa

Feliz día, Laia Costa. Escribirte a ti es escribir en contra de las esquelas. No sé por qué te escribo. No nos conocemos de nada. A mí me pasa que cada vez que me caigo de un guindo me sana una película en la que sales. Grandes trabajos se ven holgados con la presencia que das ante este animal que, poco a poco, arriesgo a gobernar. Laia Costa, las actrices y tú, la más inmensa desde Maribel Verdú que un tipo como yo, poco cinéfilo, ha visto nunca llorar de verdad y tener orgasmos de verdad, ante la pantalla en la que el animal busca una sociedad que le dé abrazos. Porque hay muchas caras, pero cuando pienso en alguna de una desconocida perfecta es tu cara, sus gestos como de vivir y morir que hoy adornan las plataformas cinematográficas. Hoy iba a escribirle a Letizia Ortiz, una reina, como tú, a quien yo besaría hasta la mano, dejando las babas de mi conciencia en una especie de estraperlo de carnicería y una bondad del todo fingida. Un día voy a ir a un festival sólo para mirarte de lejos. Sólo para hacer el cálculo de quién eres en verdad, si la pantalla te quiere tanto como a mí me parece o es que soy yo, que al observarte me parece como que me acrecentan los meses de vida. Ya he pasado por muchas calamidades y, desde mi primer minuto de vida, tras darme por muerto, fui llamado familiarmente El Resucitado. Hago por morirme, bebo en exceso y hago el ridículo que no sabría hacer si, como tú, actor fuese y hubiere de fingirlo. En la niñez me enamoraba menos de las actrices. Sí un poco, pero no tanto como mis amigos del barrio. Te veo tan joven y preparada para ser la eterna imagen que restauro en mi pupila al verte. Voy a ver todas tus películas. Ni leerás esto ni yo volveré a escribirlo. Yo, durante una época, me sentí tan bello como tú. Hoy la pantalla es el espejo metiéndome una colleja. Rezo, pero sé que tú no existes. Sí para mí y para muchos. Eres una gran actriz, por descontado, y yo veo mi muerte en tu actuación, que será eterna o, si no, será silencio. Pero un silencio que mi inanidad baila con un ritmo que nunca tuve ni tendré. Ten un buen día. Al menos, espero, mejor que el mío.