Espero con cierta inquietud que el día de la salud mental se convierta en orgullo y nos paseen vestidos de Napoleón en carromatos, en lo que soltamos circunspecciones y diatribas a todo lo que se mueve. Pasará más pronto que tarde. Llevaré zanahorias, las lanzaré a los escaparates de la calle Fuencarral, en lo que otros se dan con orinales en la cabeza. Los esquizofrénicos seremos quienes eliminaremos del mundo a los PAR porque nuestros escupitajos son más frondosos y llegan más lejos. TLP´s cortándose en el tobillo y la sangre chorreando a los viandantes, hombres-negocio que pasaron por el aro, en lo que somos tratados como reinas. Los bipolares no se sabrá si están borrachos o es la medicación. Y así todo el rato. Rubiales se convertirá en uno de nosotros. Tendremos… si es que se ve. Jorge Javier nos entrevistará y diremos que odiamos España, que nosotros somos los nuevos colonos de Haití. Nuevas esperanzas en el boxeo biológico. Fumadores reiterativos que echamos el humo a los animales-personas. Luego ya, al día siguiente, con resaca medicamentosa. Ese Risperdal fue un mal viaje del copón, hermano. Y así. Está cerca. Casi prefiero pasarme por escritor y tener que ir a firmar a la Feria del libro. Lo vimos y lo veremos. No será espectacular, pero resultón sí. Le diré a la reina que la amo, que la quiero, que gracias por nada. A todo esto, soy fan de Dña Letizia. Aunque eso es otra historia.