Frío

La noche es larga. Idónea para leer, diría hace años. Me cuesta abrir el libro, el motor se cala y acabo saliendo al frío de la madrugada. Tres páginas, me digo. Luego la cuarta, la quinta y… al entrar puedo encontrar gasolina de sobra. Adelante, me digo. Las cinco y pico. Café, una tónica. Dame nuevos títulos. Demasiados libros por aquí. Necesito compartirlos. Regalo libros siempre, pero también quiero conservar el caos que sí ha sido fundamental en la persona que soy. Sé dónde está cada título. También en electrónico, aunque he llegado a comprar algún libro repe. Me gusta leer en la pantalla. Uno, dos, tres, todo lo cambia. Es esencial encontrar el fuego, que el motor sea capaz de funcionar durante todo el camino. La conducción suele ser automática. Si no lo resulta, se debe a que la lectura escogida ha sido un error. Todo bien, literatura rusa a un lado, a otro latina, a otro francesa… No, se cala el motor. Salgo del coche con las llaves en la mano y, sin pensarlo, las lanzo lo suficientemente lejos y me pongo a andar. Adiós. Pronto necesitaré un lugar donde acomodarme y dormir. Será cuando haya dejado lejos el coche. La niebla de la mañana en Los Santos me asegura entrar en otra novela. Una novela donde hace frío.