Petunias

Una vez viajé en el metro con un ramo de flores. Fue una experiencia la mar de curiosa. A momentos me desprendía de mi invisibilidad, era mirado como una especie de rareza la mar de positiva, en general. Ya cuando llegué a mi destino hube de esperar y pedí en el bar molón de siempre donde la camarera me sirve café solo y un chupito de irish a la voz de “cinco euros” lo de siempre. Esta vez me dijo que llevaba un ramo muy bonito. Me preguntó qué eran. Petunias, creo. Entiendo muy poco de flores. Un grupo anónimo se interesó por ellas. El bar giraba en torno a algo diferente con la excusa de ¡Un ramo de flores! Luego me fui, ya habían abierto la librería. Mi librera habitual cumplía años y poco antes me dijo que nunca ningún chico le había regalado flores. Le hizo ilu (y a mí regalárselas). Luego me puse a mirar libros y, casi seguro, me llevé alguno de gente pegándose y juicios y salí a la calle ya sin el ramo. Aquel trayecto anterior había desaparecido. A ojos del mundo yo… pensé que necesitaría otro chupito, quizá, en otro lugar. Y luego un par de ellos más.