Está presente,
en el lecho de mi bradipsiquia,
el animal tajante,
la usura del divinizado
bajo la marca del más vendido
de los whiskies.
Y lo temo,
no por su ponzoña,
que asumo mía y dirijo
por entre las rendijas de estas ventanas
que dan a la alegría de los mercaderes;
lo temo por vociferante, por amor dado
que regresa, como simpatizante,
a su casa hecha añicos y, antes,
formada por sus propias vísceras.
Está presente,
la corola nunca ofrecida
al batallón de los asesinados.
Y lo temo,
porque uno a quien asesina
es al hermano que no tuvo,
al abrazo negado de los tanatorios,
a la bala amiga que se dio a confundirse
con una sombra.
Está aquí,
yo le he visto
tratando de no caer en su propia trampa,
allá, bajo el tejado que cubre
cuanto rezo a ese mal hombre
que lleva por apellidos los de mis padres