
La ventana permanece abierta.
Las nubes dibujan, a veces,
elefantes rosas
y el aire entra con asiduidad
para alejar mis papeles.
Así quiero que me venza la muerte
tras un beso
instalado sobre la bombilla
en donde las moscas dan vueltas.
También tengo puesta una canción.
No sé el título
salvo que hace que mi oído
ruede por otras sendas.
Estoy perdido.
Se lo digo a todo el mundo
a cambio de que cojan mi mano
y me devuelvan a la destartalada casa de mi niñez.