Pero que fuera por ser Alberto Masa

Soñé varios deseos

desde mi nacimiento hasta hoy

como probabilidades en mis cumpleaños.

No sucedió, por ejemplo,

que intentaran dispararme por la calle

sólo por ser Alberto Masa.

No sucedió por más que me puse a tiro.

Ningún fulano pulsó el botón

que haría abrir la trampilla

por la que irremisiblemente caería

a un vacío de serpientes venenosas

sólo por ser Alberto Masa.

Yo era Alberto Masa

y no existía nadie en el mundo

que procurara estar en contra de eso,

pero no hubiera estado mal

que ese barman que siempre prepara

los mejores cócteles para mí

echase un día veneno en mi copa y dijese: Toma, esto es por ser Alberto Masa.