Ni tú ni yo
somos dueños suicidas del mismo puente.
No respondemos a cronologías
ni a puntos cardenales.
Yo te amé y entendí
que lo tuyo también era amor.
Tú me quisiste ridículamente,
no más ridículamente que yo a ti.
Nos hemos superado.
No dejamos descendencia salvo libros y trapos
y hoy sé que si un día nos encontramos
quizá nos saludemos
como si fuésemos viejos amigos.
Yo quise la vida porque vi en ti vida,
tú dijiste amar el hecho de que yo suspirara
al cerrar los ojos y no ver nada.
Ni tú ni yo
somos dueños suicidas del mismo olor a gas.
Algún día, seguramente
recuerde que es tu cumpleaños
y no te llame para felicitarte.
Es un bonito día de octubre,
una noche tonta
donde no sé qué vino antes entre ambos,
si tú o yo.