Hospital de día

Amanece en el hospital de día

un lugar donde nadie tiene cara.

Amanece una cara que es mía

y tampoco existe,

la busco entre esas otras caras

tapadas por una noche de insomnio.

Amanece lo que busco,

pues es esa búsqueda

cuanto me queda.

Y no soy solamente quien no tiene cara.

Las caras están mucho menos subestimadas

de lo que merece una cara,

y es la cara de la luna

cuanto existe

en el lugar donde conceder luz

a uno de los reflejos

donde mamo leche

procedente de ella.