Siempre quise pertenecer a tu grupo de amigos,
parecíais alegres y fuertes. Hermosos.
Me acicalé el pelo, me lo lavé con agua fría
para que brillara,
practiqué sonrisas y conversaciones
delante de un espejo.
Todos te querían tanto,
te apreciaban, jugaban contigo
en la catedral de la viveza.
Observaros fue estar en el extranjero,
con vuestros cafés y chupitos,
con vuestras cervezas y besos.
A veces yo me creí tuyo, suyo, de los vuestros.
A veces yo soñaba y me lavaba el pelo, y me peinaba,
escuchaba la música que más te gustaba,
y era jovial, alegre y quería estallar de éxtasis
al despertar cada mañana
en el hotel de los niños.
Tenía miedo de que tu grandeza me tapara.
Caminar solo y buscándote,
me aparté incluso el flequillo,
miré el reloj
esperando que las agujas
se estuviesen quietas.